Dudé sobre si escribir esto porque en el fandom parece ser un tema prohibido. Pero me animé a hacerlo porque la autocensura no permite el diálogo y no deja espacio para el pensamiento crítico, muy necesario en estos momentos tan convulsos que vive el mundo.
Cada vez me convenzo más de que, contrario a lo que con tanto fervor la gente suele creer, es verdad que todo es político, hasta lo que no tiene intención consciente de serlo. No somos sólo entes insertas o insertos de forma aleatoria en un sistema neutral, todo lo contrario, vivimos en una sociedad lejos de serlo.
Me considero muy ignorante en muchas cuestiones de estudio formal y académico sobre temas sociales, económicos o filosóficos, pero siempre me he creído curiosa. Debido a esa curiosidad no dejo de hacerme preguntas y eso irremediablemente se ha convertido en pensamiento crítico. Por otro lado, la cultura popular y el entretenimiento nunca me han parecido asuntos inocentes y desprovistos de un trasfondo. Mientras que la cultura y las formas de arte son temas que me atraen y me apasionan tanto que no puedo verlos sólo como un producto ahí puestos sin un fin y sin un mensaje.
Por supuesto, la literatura o la música no sólo se piensan, más que nada se sienten. Están ligadas a la introspección y a una búsqueda profunda y filosófica del ser. Ahí entre el pensamiento y el sentimiento es que deseo poner esta reflexión que para algunas personas podrá ser incómoda.
Está introducción tan larga y rimbombante para hablar del nuevo disco de BTS. Quiero omitir toda la explicación de quiénes son y el impacto cultural que han tenido hasta ahora porque creo que más o menos la gente tiene idea sobre ellos. Mi intención tampoco es hacer una crítica musical especializada, nunca ha sido mi objetivo hacer eso como una melómana a la que le gusta escribir; no tengo esos conocimientos. Por ello, reitero que esto se trata de una reflexión sociocultural con una perspectiva crítica.
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