Capitalismo

No hay expresión más cruel del capitalismo que el trabajo per se. Eres en función de lo que trabajas y, sobre todo, de lo que generas y en la medida de ello eres más o menos desechable. El capitalismo se trata de desechar todo el tiempo. Desechamos teléfonos, computadoras, botellas, envolturas y a las personas.

El concepto aliado del capitalismo es la productividad, te quedas o te vas si eres “productivo” ¿qué significa eso? Produces todo el tiempo, pero es un despojo absoluto. Te arrebatan tus sueños, tus ideales, tu tiempo, tu energía. Somos siempre engranajes de una maquinaria que ya no está bien aceitada, pero que algunos arriba, mucho más arriba, de nosotros no están dispuestos a sacrificar.

Para mantenernos productivos o al menos sin cuestionarnos el sistema nos implantan la idea de vivir por desear obtener y ser dueño de objetos. Porque también somos en función de objetos que acumulamos y cargamos encima. No somos libres, tampoco vivimos.

Te conservan dependiendo de qué tan útil les seas y aun si fueras indispensable se encargan de hacerte saber que no lo eres. Se empeñan -y lo logran -en hacerte creer que si no eres “buena” en lo que ha ellos les parece “útil”, entonces no sirves. Qué lejos estamos de pensar distinto y de vernos diferente.

Recuerdo vagamente los días en la primaria y la secundaria, lo mucho que me apasionaban las ciencias sociales: español e historia. Para muchas y muchos la historia se trataba acerca de memorizar fechas, para mí era mucho más que eso, para mí era descubrir quiénes éramos y por qué somos quienes somos, parece que de eso se trataba.

Ahora me pongo a pensar en cómo nos nombramos civilización, cómo aprendimos y aprehendimos a entender el mundo, cómo lo escribimos y lo vimos. Alguna vez lo vimos realmente sin nuestros prejuicios y sin limitaciones. ¿Para esto nos transmitimos conocimiento?

¿Cuándo decidimos que trabajar era acerca de producir? ¿De obtener objetos? ¿Cuándo se dejó de valorar el hecho de solo ser humanos? Los underdogs estamos intentando alcanzar metas que a cada rato nos dice que no sirven de nada, que no producen, que no aportan ¿por qué seguimos escuchándolos?

No estamos vivos, estamos sobreviviendo todo el tiempo. Necesitamos cambiar porque de lo contrario la humanidad va terminar, aunque sigan existiendo personas. Quisiera decirles a ellas que habrá millones de puertas abiertas donde sus sueños sean el motor de otra maquinaria, una creadora de otros sueños. Quisiera darles certeza de que este sistema no las va a golpear, que las rutas van a abrirse y algún día, como dice Aurora, la vida será gentil.

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