Relatos, cuentos y otros textos

La famosísima receta de la tinga picosa que no pica

La tinga era uno de los platillos que más hacía mi madre. Mi madre…mmm, cada que la recuerdo me llega un aroma, el aroma de su comida y de ahí del sabor, de ahí el calor, de ahí el amor.

Cuando partió mi madre me dejó ese vacío y el dolor de que nunca podré volver a probar su comida, que nunca podré volver a sentir su calor. Así que rechacé la cocina y me convencí de que yo no sabía cocinar, que eso no era para mí.

Mi padre, cuando aprendió a serlo, comenzó a cocinar y me repetía que hacerlo se trataba de poner amor en ello. Ansiaba degustar los platillos con los que se aventuró a ser padre. Luego me fui de casa y comencé a descuidarme.

Ahora, preparo tinga con la receta de mi madre y las instrucciones de mi padre; dos mundos opuestos que se unen en una receta y en un sabor. Esto me recuerda que ella y él viven en mí. Para mí la cocina es amarme, alimentarme de sabores que viajan a través de mi paladar.

Tal vez no vuelva a encontrar la sazón de mi madre, nunca lo haré, pero encuentro mi propio sabor y sazón a través de su recuerdo.

Rubí Woo

La consistencia era cremosa y suave.

Su color era rojo como la sangre.

Al tacto se deslizaba delicadamente.

Al deslizar dejaba su huella roja.

De derecha a izquierda,

de izquierda a derecha.

Los labios se juntan, se aprietan y hacen “plop”.

Siente la consistencia, el aroma, la textura.

Instintivamente se moja los labios.

Sale a la calle con los labios pintados de Rubí Woo.

La hace sentir más poderosa y segura.

Vuelve a mojar sus labios.

Mientras es más consciente de ella,

de su cuerpo, de ser roja.

Roja fuego, roja en pasión y roja que arde.

Dormir

Soy animal nocturno y eso no quiere decir que cazo presas de noche o que soy particularmente “productiva” por las noches.

Significa, en realidad, que por las noches me da mucho por reflexionar, recordar, preguntar y sentir.

De niña le temía a la oscuridad. Me aterrorizaba pensar en lo desconocido e incierto de la oscuridad. Además, desde muy niña, fui y soy aficionada a los relatos y películas de terror, mismos que alimentaban mi imaginación por las noches.

Ahora el silencio y la oscuridad me invitan a hundirme en mis pensamientos. El ruido ya no proviene del exterior, sino de adentro. Ese es el caos y la estridencia que no me deja dormir por las noches.

No es una condición reciente. Llevo 17 años trastabillando para encontrar un poco de paz en i mente que me permita dormir antes de la medianoche. A veces, esa paz llega en forma de música, de una película ligera, de un té, de un libro, del llanto o simplemente de la fatiga física.

Estoy segura de no ser la única con esta condición, la sufrimos más de lo que nos gusta admitir.

Para mí, el sueño es un privilegio y gozo. Sumergirse en la nada, apagar la mente, cerrar los ojos, ponerse en pausa sin recriminaciones, bueno, eso no pasa todas las veces.

Tengo una mente muy activa y cuando el cuerpo se rinde, los pensamientos no dejan de hacerlo. Por lo tanto, sueño y, de nuevo, estoy segura de que sueño más de lo que recuerdo.

Aquellos sueños suelen ser un conjunto de experiencias, vivencias, recuerdos, dudas, miedos, inseguridades y anhelos no de la mente, más bien del alma.

Y, claro, como son sentimientos tan angustiantes los sueños se convierten en pesadillas que hacen que le descanso no lo sea más; provocan relatos del terror como de los que soy aficionad. Soy animal nocturno.

Un logro en mi día es poder dormir. Dormir es placentero cuando no hay angustia, cuando puedes desconectarte y viajar a algún lugar seguro, cerrar los ojos suele ser tan satisfactorio; aunque lo he experimentado poco.

“Despiértame cuando las pesadillas se apoderen de mí […] el aire se cuela por todos lados”[1], despiértame porque no sé si despierta o dormida esto es una pesadilla.

[1] Fragmento de la canción White Lips Kissed de Mew

Haikus

Ayer busqué cómo hacer haikus.

Encontré que las palabras, las sílabas

danzan en movimientos, todavía, extraños y desconocidos para mí.

,

Publicado por


Deja un comentario