El primer paso complicado fue decirme feminista. Qué miedo dio al principio, qué angustia que me juzgaran o me hicieran un examen sobre cómo es ser una verdadera feminista, qué miedo el rechazo, sobre todo el rechazado de quienes amo, de mis amigas, mis compañeras, mis hermanas.
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Sueño

Empecé a sufrir de insomnio a los 13 años. Ahora puedo entender muchas de las razones que lo ocasionaron. En ese momento solo era el acto de permanecer acostada boca arriba, mirando el techo y pensando en muchísimas cosas.
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Siempre en soledad

Processed with VSCO with m5 preset Alguna vez escribí, cuando era más joven, algo que en ese momento era una conclusión lógica para mí: No habría buenas historias sin corazones rotos. Lo era porque, había tantas películas, libros, música escrita debido a ello, que debía ser un sentimiento con un gran poder de inducir a la “inspiración”.
Ahora que soy más grande me doy cuenta que, en realidad, vivimos con el corazón roto y vamos renaciendo de vez en vez. Quería iniciar con esto para platicar sobre el concierto de Florence + the machine. Necesitaba explicar cómo sus letras y su música te llegan directo al corazón.
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Música

Intenté explicar esto en terapia. No puedo escribir, le dije hace algunas semanas. Cuando tengo esos momentos de pensamientos aleatorios y deseos incontenibles acerca de todo dentro de mí, paso por una etapa de bloqueo.
«Pones canciones tristes para sentirte mejor», cantaba Cerati. Creo que necesitamos sentirnos comprendidos, menos solos, menos locos, menos desolados. Intenté explicar en terapia lo que me sucede con la música, lo que me impulsa a acercarme a ella con tanta desesperación y, realmente, lo que me hace sentir cobijado en ella.
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Crecer

Hace meses que no escribo. Me acuerdo cuando escribía sobre cómo me ayudaba pasar el bolígrafo por las hojas; sobre cómo eso me ayudaba a sanar las heridas. Una tiene que mirarlas para saber que están ahí y sangran.
A la luz de la distancia, los días en los que tomaba desesperadamente la pluma o la computadora se sienten siglos, pero en los días universitarios me doy cuenta que no era tan mala. Mi imaginación iba y venía en constantes ciclos de autoreflexión, nostalgia, melancolía y soledad.

